Cada corazón humano tiende hacia la felicidad, pero normalmente esta tendencia se dirige erróneamente hacia afuera, hacia el mundo externo: esta es la causa del conflicto y del consecuente sufrimiento. El deseo es un reflejo de una felicidad olvidada, de un paraíso perdido
Cuando seamos capaces de dirigirlo hacia el Centro Inmutable del Ser, podremos recuperar lo que hemos perdido.
La Verdad no puede ser limitada a un esquema, a una enseñanza o un sistema filosófico; tampoco puede ser regalada como si fuera una caja de dulces: no puede ser forzada o negociada, pues se entrega pudorosamente a aquél que sabe amarla.
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