¿Cómo se explica que en los últimos veinte años la Iglesia católica se haya acercado al judaísmo mucho más que en sus veinte siglos de historia? La respuesta, posiblemente, sea un hombre: Jules Isaac, un judío francés, al que está dedicado este libro.
Limpio de influencias y con la objetividad del buen historiador que era, J. Isaac, leyó los Evangelios y se encontró con que el sentido de algunos pasajes había sido distorsionado, ligeramente movido de su exactitud primigenia, por la exégesis; y así pasó a la enseñanza tradicional cristiana. Distorsión de la que salió “la enseñanza del desprecio” que tanta sangre judía ha derramado. J. Isaac pidió que se revisaran las exégesis y enseñanzas cristianas para descubrir el judaísmo en su genuina autenticidad. Quien aceptó tal petición fue otro hombre singular: Juan XXIII. Este libro muestra cómo ambos -ancianos, enfermos y solos- dieron un vuelco definitivo a la Historia.
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La aportación de un judío a la iglesia
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