Durante casi cinco siglos la orgullosa España, hasta entonces indómita, fue una colonia romana, es decir, una parcela del Imperio que en aquel tiempo se extendía por Europa, norte de África y el Cercano Oriente. Se incorporó con tal intensidad que poco después de la conquista, tanto en las leyes obligadas como en las costumbres elegidas por gusto propio, las ciudades hispanas no se distinguían más que el tamaño de las itálicas, que llevaban tiempo sometidas a la fórmula de Roma.
Además de culto a los dioses paganos trae la religión cristiana, que también nos vino de Roma. En lo material y espiritual, los romanos dieron al hispano una nueva piel una nueva alma. Sin su paso sería imposible comprendernos.
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La Vida Cotidiana en La España Romana
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